Rebel Creamery, una marca estadounidense de helados keto, utilizó envases demasiado similares a los de Van Leeuwen: colores pastel, un solo tono por sabor, letras cursivas negras y una composición minimalista. Un juez concluyó que la imitación fue deliberada y le ordenó entregar US$23.785 millones de sus ganancias, además de rediseñar sus empaques. Menos de un mes después, la empresa se acogió al Capítulo 11, el régimen estadounidense de reestructuración por bancarrota, con el fallo como una carga decisiva, aunque no necesariamente como la única causa. La falta de diferenciación terminó convertida en un riesgo legal capaz de comprometer todo el negocio.